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Biomasa
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El término “biomasa” incluye toda la materia viva, o cuyo origen sea la materia viva, que existe en un instante de tiempo en la Tierra. La energía que se puede obtener de la biomasa proviene de la luz solar, la cual, gracias al proceso de fotosíntesis, se aprovecha por las plantas verdes y se transforma en energía que queda acumulada en el interior de sus células. Esta energía puede traspasarse por la cadena alimentaria al reino animal.


cultivo
La energía acumulada en la biomasa puede ser liberada sometiéndola a diversos procesos de aprovechamiento energético. Atendiendo a su origen, podemos clasificar la biomasa, de la cual se puede extraer la energía útil para la humanidad, en: residuos agrícolas, residuos forestales, cultivos energéticos y residuos urbanos.

Los diferentes aprovechamientos de la biomasa tienen aplicaciones domésticas e industriales. Estas aplicaciones están muy influenciadas por la realización de previos tratamientos de los residuos.


Entre estos tratamientos previstos, podemos destacar:

marca Homogeneización: son aquellos procesos de trituración, astillado, secado, etc., que transforman la biomasa en unas condiciones adecuadas de medida, humedad y composición, para ser tratada y aprovechada energéticamente.

marca Densificación: es un tratamiento para mejorar las propiedades de la biomasa y hacerla más completa. El producto de este tratamiento tiene forma de aglomerado de madera, que son residuos con una elevada densidad y muy adecuados para el almacenamiento y el transporte. Después de estos tratamientos previos, la biomasa ya puede ser utilizada en diversos procesos. Procesos petroquímicos: son aquellos que transforman la biomasa, en determinadas condiciones de presión y temperatura, para obtener productos sólidos, líquidos o gaseosos. Estos productos serán diferentes según el tipo de técnica aplicada. Atendiendo a la cantidad de oxígeno que interviene en la transformación, se clasifican en:

marca Combustión: es un tratamiento a una temperatura entre 150°C y 800°C, en el que la cantidad de oxígeno no está controlada. Los residuos de biomasa se oxidan (reaccionan químicamente con el oxígeno) completamente y se obtienen gases calientes, que es la parte que se aprovecha como energía térmica. Coloquialmente, diremos que quemamos la biomasa.

marca Pirólisis: tratamiento a una temperatura entre 500°C y 600°C, y con ausencia de oxígeno. Se basa en la descomposición de la materia orgánica por calor. Como resultado, se obtiene una mezcla que es, en parte sólida (principalmente carbón), en parte líquida, y en parte gaseosa. Los líquidos y los gases son hidrocarburos y compuestos alifáticos. Estos productos pueden ser utilizados como combustibles y materias primas.

marca Gasificación: tratamiento muy parecido a la pirólisis, pero, en este caso, la cantidad de oxígeno está controlada, con lo cual se reduce significativamente la obtención de sólidos respecto al proceso anterior. Como resultado, se obtiene un gas denominado gas pobre que se utiliza como combustible. El aprovechamiento de la energía de la biomasa forestal contribuye notablemente a la mejora y conservación del medio. Mediante las limpiezas y las podas, se contribuye a mejorarlo y preservarlo de posibles incendios. Es conveniente que la explotación de los bosques se haga de una manera sostenible.

troncos madera
El aprovechamiento energético de la biomasa forestal no tiene un impacto medioambiental significativo, debido a que el CO2 que se libera a la atmósfera durante la combustión ha sido captado previamente por los vegetales durante su crecimiento. Por tanto, el balance final es nulo.

Las plantas de aprovechamiento energético de la biomasa están reguladas por diversas normativas. Por un lado, desde el punto de vista de la potencia térmica, todas aquellas instalaciones de combustión, cuya potencia térmica nominal sea igual o superior a 50 MW, están sometidas a la legislación del Real Decreto 430/2004, que establece los límites de emisión de agentes contaminantes como el dióxido de azufre, los óxidos de nitrógeno y las partículas.

Todas aquellas instalaciones industriales de combustión, de potencia térmica nominal inferior a 50 MW, están reguladas por el Decreto 833/75, que desarrolla la Ley estatal de protección del ambiente atmosférico. Actualmente ante el avance técnico de estas últimas instalaciones se ha visto la necesidad de adaptar la normativa y se ha hecho una propuesta de decreto para regularlas de la manera más conveniente.

Al mismo tiempo, como productores de electricidad que puedan ser estas plantas de aprovechamiento energético, están sometidas al marco económico delimitado referente a ingresos por venta de electricidad (Real Decreto 436/2004). Por otro lado, el tratamiento de los RSU, ya sea mediante reciclaje, compostaje, metanización o incineración permite reducir considerablemente el volumen de basuras, de lixiviados generados y la generación de malos olores.

En referencia al metano generado en los vertederos, considerados una de las principales fuentes causantes del calentamiento global del planeta, la buena gestión de estos depósitos con la captación y el aprovechamiento de gases emitidos favorecen que se dejen de emitir a la atmósfera directamente miles de toneladas de gases causantes del efecto invernadero.

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